miércoles, 6 de febrero de 2013

Religión y política en la Europa medieval



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Parece oportuno, ante todo, tener en cuenta el contexto sociológico en el que se desenvuelven los hechos y los desarrollos doctrinales de los que a continuación hemos de ocuparnos.

Aparte del hecho del gran avance numérico que parece haber realizado en la última centuria de la historia del Imperio de Occidente, la Iglesia se ve acrecentada por la incorporación de pueblos nuevos, esos pueblos a los que los romanos llamaban bárbaros, cuya presencia se deja sentir, incluso en el interior de las fronteras del Imperio, desde siglo IV.

En ocasiones la conversión de algunos monarcas se ve acompañada de la mayoría de sus magnates y de buena parte del pueblo; tal es el caso de los francos de Clodoveo, llegados a la Iglesia procedentes del paganismo, o de los visigodos de Recaredo, que profesaban la herejía cristiana de Arrio.

Pero, sobre todo, para comprender el avance numérico de la Iglesia en esta época, hay que tener en cuenta que la decadencia de las ciudades del Imperio romano, en las que durante el período anterior se habían desarrollado principalmente las comunidades cristianas, se ve compensada por el resurgir de la vida rural, característica de este período histórico. Y es entonces cuando misioneros católicos penetran en la Europa central, realizan actividades evangelizadoras en los países nórdicos y llevan la fe hasta las Islas Británicas. Durante este período se pasará del cristianismo de comunidades urbanas, que iban creciendo entre el ambiente pagano del mundo del Mediterráneo, a una Iglesia de Europa cuya población llegará a ser católica en su práctica totalidad, de Bizancio, cuyas relaciones con Roma nunca serán fáciles y que, como ya sabemos, se separó definitivamente en el año 1054 (Cisma de Oriente). Obviamente, esta Iglesia de masas, en cuya vida social se integran manifestaciones de la fe, no fue siempre un ejemplo de virtudes cristianas y la vida religiosa se vio mezclada frecuentemente con residuos de supersticiones paganas y con costumbres poco congruentes con el mensaje evangélico, que la Iglesia hubo de esforzarse en rectificar.

En este contexto, la jerarquía eclesiástica habrá de desempeñar un papel decisivo en el lento proceso que llevó a la formación del orden político medieval.

Fuente:
Derecho eclesiástico del Estado español, José M. González del Valle, Pedro Lombardía, Mariano López Alarcón, Rafael Navarro Valls y Pedro Juan Viladrich. Páginas 48.